Día del Sacerdote: «tuve momentos de incertidumbre y flaqueza, pero la perseverancia y confianza en Dios me sostuvieron» Padre Héctor Trachitte

Hoy 4 de agosto, se celebra el Día del Sacerdote, en conmemoración al Cura de Ars, el francés Juan María Vianney. Oportunamente, cuando cumpliera un aniversario más de sus votos sacerdotales, desde ENTRERIOSNOTICIAS.AR, dialogábamos con el Rector de Basílica Nuestra Señora de Aránzazu, Padre Héctor Trachitte, sobre su elección de vida.
Héctor…dejó los estudios de medicina, para consagrarse en la Iglesia Católica
Un 11 de diciembre de 1998, daba un SI definitivo, intransferible e implacable, justamente en la ciudad que lo vio nacer, crecer, adolescer, transitar su estudiantado en el Instituto John Fitzgerald Kennedy y ya avanzado el tiempo, los fines de semana, cuando el cursado de la carrera de medicina, se lo permitía…
Si bien aquella, es una fecha que marcó un antes y un después en su vida; su elección primera, no se vio reflejada en el clero; sino en la medicina (foto que ilustra la nota), carrera que comenzó y discurrió avanzado en los claustros universitarios, hasta que un día, Seminario de Vida mediante, se dio cuenta que su verdadero deseo, no pasaba por lo sanitario, sino por un llamado, muy fuerte y de gran desafío…el sacerdocio.
Hizo hincapié en la importancia de la vocación y las consecuencias de su accionar, atravesadas por la pasión y la voluntad. «Tuve muchas mesetas, muchos momentos de incertidumbre y flaquezas, pero esos años de seminario fueron de mucha base y luz»… (VIDEO)
Recorrido eclesial del Padre Héctor Trachitte
-Basílica Inmaculada Concepción de María (Concepción del Uruguay, Entre Ríos)
-Parroquia San Roque de Montpellier (Victoria, Entre Ríos). Aquí ingresó siendo ésta capilla, trabajando él, en lo que fue su pase a parroquia, convirtiéndose así, en su primer párroco.
-Celam Consejo Episcopal Latinoamericano (Medellín, Colombia)
-Parroquia San Juan Bautista (Gualeguaychú, Entre Ríos)
-Basílica Nuestra Señora de Aránzazu (Victoria, Entre Ríos). Lugar en el que actualmente ocupa su rectoría. Aquí ingresó, siendo ésta parroquia, trabajando él, junto al entonces obispo, Monseñor Jorge Eduardo Lozano y el Padre Emanuel Tournoud en lo que fue su pase al basilicazgo; para completar la misión, con el actual obispo diocesano, Monseñor Héctor Luis Zordán.
Sobre el Santo Cura de Ars (Fuente Aci Prensa)
En 1806, el cura de Ecully, M. Balley, abrió una escuela para aspirantes a eclesiásticos, y Juan Bautista María Vianney fue enviado a ella. Aunque era de inteligencia mediana y sus maestros nunca parecen haber dudado de su vocación, sus conocimientos eran extremadamente limitados, limitándose a un poco de aritmética, historia, y geografía, y encontró el aprendizaje, especialmente el estudio del latín, excesivamente difícil. Uno de sus compañeros, Matthias Loras, después primer obispo de Dubuque, le ayudaba en sus lecciones de latín.
Pero ahora se presentó otro obstáculo. El joven Vianney fue llamado a filas, al haber obligado la guerra de España y la urgente necesidad de reclutas a Napoleón a retirar la exención que disfrutaban los estudiantes eclesiásticos en la diócesis de su tío, el Cardenal Fesch. Matthieu Vianney intentó sin éxito procurarse un sustituto, de modo que su hijo se vio obligado a incorporarse. Su regimiento pronto recibió la orden de marchar.
La mañana de la partida, Juan Bautista María fue a la iglesia a rezar, y a su vuelta a los cuarteles encontró que sus camaradas se habían ido ya. Se le amenazó con un arresto, pero el capitán del reclutamiento creyó lo que contaba y lo mandó tras las tropas. A la caída de la noche se encontró con un joven que se ofreció a guiarle hasta sus compañeros, pero le condujo a Noes, donde algunos desertores se habían reunido.
El alcalde le persuadió de que se quedara allí, bajo nombre supuesto, como maestro. Después de catorce meses, pudo comunicarse con su familia. Su padre se enfadó al saber que era un desertor y le ordenó que se entregara pero la cuestión fue solucionada por su hermano menor que se ofreció a servir en su lugar y fue aceptado.
Juan Bautista María Vianney reanudó entonces sus estudios en Ecully. En 1812 fue enviado al seminario de Verrieres; estaba tan mal en latín que se vio forzado a seguir el curso de filosofía en francés. Suspendió el examen de ingreso al seminario propiamente dicho, pero en un nuevo examen tres meses más tarde aprobó.
El 13 de Agosto de 1815 fue ordenado sacerdote por Monseñor Simon, obispo de Grenoble. Sus dificultades en los estudios preparatorios parecen haberse debido a una falta de flexibilidad mental al tratar con la teoría como algo distinto de la práctica – una falta justificada por la insuficiencia de su primera escolarización, la avanzada edad a la que comenzó a estudiar, el hecho de no tener más que una inteligencia mediana, y que estuviera muy adelantado en ciencia espiritual y en la práctica de la virtud mucho antes de que llegara a estudiarla en abstracto.
Fue enviado a Ecully como ayudante de M. Balley, quien fue el primero en reconocer y animar su vocación, que le instó a perseverar cuando los obstáculos en su camino le parecían insuperables, que intercedió ante los examinadores cuando suspendió el ingreso en el seminario mayor, y que era su modelo tanto como su preceptor y protector. En 1818, tras la muerte de M. Balley, Vianney fue hecho párroco de Ars, una aldea no muy lejos de Lyon. Fue en el ejercicio de las funciones de párroco en esta remota aldea francesa en las que el «cura de Ars» se hizo conocido en toda Francia y el mundo cristiano.
Algunos años después de llegar a Ars, fundó una especie de orfanato para jóvenes desamparadas. Se le llamó «La Providencia» y fue el modelo de instituciones similares establecidas más tarde por toda Francia. El propio Vianney instruía a las niñas de «La Providencia» en el catecismo, y estas enseñanzas catequéticas llegaron a ser tan populares que al final se daban todos los días en la iglesia a grandes multitudes.
«La Providencia» fue la obra favorita del «cura de Ars», pero, aunque tuvo éxito, fue cerrada en 1847, porque el santo cura pensaba que no estaba justificado mantenerla frente a la oposición de mucha buena gente. Su cierre fue una pesada prueba para él.
Pero la principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas. No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países. Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque «las almas le esperaban allí».
Durante los últimos diez años de su vida, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesionario. Su consejo era buscado por obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, pecadores, personas con toda clase de dificultades y enfermos. En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. Las personas más distinguidas visitaban Ars con la finalidad de ver al santo cura y oír su enseñanza cotidiana.
El Venerable Padre Colin se ordenó diácono al mismo tiempo, y fue su amigo de toda la vida, mientras que la Madre Marie de la Providence fundaba las hermanas auxiliadoras de las ánimas del purgatorio por su consejo y con su constante aliento. Su dirección se caracterizaba por el sentido común, su notable perspicacia, y conocimiento sobrenatural. A veces adivinaba pecados no revelados en una confesión imperfecta.
Sus instrucciones se daban en lenguaje sencillo, lleno de imágenes sacadas de la vida diaria y de escenas campestres, pero que respiraban fe y ese amor de Dios que era su principio vital y que infundía en su audiencia tanto por su modo de comportarse y apariencia como por sus palabras, pues al final, su voz era casi inaudible.
Los milagros registrados por sus biógrafos son de tres clases:
En primer lugar, la obtención de dinero para sus limosnas y alimento para sus huérfanos; en segundo lugar, conocimiento sobrenatural del pasado y del futuro; en tercer lugar, curación de enfermos, especialmente niños.
El mayor milagro de todos fue su vida. Practicó la mortificación desde su primera juventud, y durante cuarenta años su alimentación y su descanso fueron insuficientes, humanamente hablando, para mantener su vida. Y aun así, trabajaba incesantemente, con inagotable humildad, amabilidad, paciencia, y buen humor, hasta que tuvo más de setenta y tres años.
El 3 de Octubre de 1874 Juan Bautista María Vianney fue proclamado Venerable por Pío IX y el 8 de Enero de 1905, fue inscrito entre los Beatos. El Papa Pío X lo propuso como modelo para el clero parroquial.




