Agmer emitió un comunicado sobre el femicidio de Nancy Godoy

El martes 6 de octubre de 2026, Nancy Godoy hizo el recorrido de siempre: 18 kilómetros desde su casa en Esquina, Corrientes, hasta la estancia “El Curupí”, y de ahí otras dos o tres horas a caballo hasta la Escuela Rural N° 626 del paraje “El Malezal”, donde se desempeñaba como directora suplente. Era la rutina semanal de una maestra de 52 años que llevaba una década sin conseguir un puesto fijo en la docencia y que, cuando finalmente lo tuvo, aceptó sin dudarlo.
Al día siguiente, miércoles 7 de octubre, a las 20.45, le envió un audio a su nuera, Alejandra, en el que describía la falta de agua y las malas condiciones del edificio escolar. Fue su última comunicación conocida.
Tres semanas después, agentes policiales que participaban en el operativo de búsqueda hallaron el cuerpo de Godoy semisumergido en un viejo potrero, en una zona de difícil acceso y sin señal de celular, a unos 2,5 kilómetros de la escuela. A pocos metros encontraron un bolso con pertenencias que deberán ser reconocidas. Los fiscales a cargo de la causa, Javier Gustavo Mosquera y María Andrea González, se trasladaron al lugar en helicóptero.
Comunicado de Agmer.
Comunicado mediante, Agmer Victoria reclamó Justicia por la docente correntina cuyo cuerpo fue hallado sin vida luego de varios días e búsqueda, en los siguientes términos:
El femicidio de Nancy Godoy, docente de Corrientes, nos duele, nos conmueve y nos llena de indignación.
Mataron a una compañera.
Una mujer que, como tantas otras, tenía una vida, afectos, proyectos y una profesión que eligió para acompañar y enseñar.
El femicidio de Nancy nos interpela y nos obliga a mirar nuestra propia realidad.
Porque cuando pensamos en Nancy, también pensamos en nuestras compañeras, en las maestras rurales y de islas como también en las del radio urbano de nuestro departamento, que todos los días hacen enormes esfuerzos para llegar a sus escuelas y garantizar el derecho a la educación donde cada día se enfrentan a situaciones complejas: violencia, consumos problemáticos, crisis de salud mental, pobreza, desigualdades económicas y sociales, solo por nombrar algunas de las tantas problemáticas que vivencian a través de sus estudiantes y familias.
En Victoria, muchas docentes trabajan en cargos de Personal Único, en parajes alejados, en zonas desfavorables y de difícil acceso. Viajan por sus propios medios, enfrentan las dificultades del camino y del río, y muchas veces pasan la semana solas, lejos de sus familias, en lugares con escasa población y pocas posibilidades de comunicación.
Son maestras que ponen el cuerpo, el tiempo y el corazón para que la Escuela Pública siga de pie.
Pero ¿quién cuida a las que cuidan? ¿Quién se ocupa de que puedan llegar a sus escuelas, trabajar seguras y regresar a sus hogares?
No podemos naturalizar que la vocación docente implique exponerse a situaciones de riesgo, ni aceptar que las trabajadoras deban resolver solas las dificultades que el Estado tiene la responsabilidad de atender.
El aislamiento, la falta de transporte y las dificultades para comunicarse no son cuestiones menores cuando pueden dejar a una mujer sin ayuda frente a una emergencia.
Por eso, desde AGMER Seccional Victoria exigimos al Consejo General de Educación y al Gobierno Provincial políticas concretas que contemplen la realidad de nuestras escuelas (urbanas, rurales y de islas): transporte seguro para las docentes, embarcaciones adecuadas, conectividad, edificios en condiciones y protocolos de prevención y actuación ante situaciones de riesgo.
Necesitamos un Estado presente que cuide a quienes todos los días sostienen la Educación, incluso en los lugares más alejados.
La muerte de Nancy nos duele también porque nos hace pensar en nuestras compañeras. En esas mujeres que salen de sus casas cada semana, dejan a sus familias y se enfrentan a caminos difíciles, al río y a la soledad para cumplir con su trabajo. No podemos afirmar que todas las realidades sean iguales, pero sí sabemos que ninguna trabajadora debería sentirse desprotegida por el solo hecho de ejercer su profesión.
Hoy abrazamos a la familia de Nancy, a sus afectos y a toda la comunidad educativa que la llora.
Y transformamos ese dolor en un reclamo colectivo: no queremos maestras heroínas que tengan que poder con todo; queremos maestras cuidadas, acompañadas y seguras.
Porque defender la educación pública también es defender la vida de quienes la hacen posible. Porque la vocación no puede justificar el abandono. Porque ninguna docente debería arriesgar su vida para enseñar.
Por Nancy Godoy, por nuestras compañeras docentes rurales, de islas y de escuelas urbanas, por todas nosotras.
Enseñar no puede costarnos la vida.
AGMER Seccional Victoria



