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«Salvador Joaquín de Ezpeleta fue muy amigo del Virrey Liniers, con quien eligió a Nuestra Señora de Aránzazu » Arquitecto Juan Carlos Gonzálvez a ENTRERIOSNOTICIAS.AR

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Hilda Sosa WWW.ENTRERIOSNOTICIAS.AR

Dentro del marco de los festejos por el 212° Aniversario, de nuestra ciudad, el Concejo Deliberante, decreto Nº 016/22 mediante, declaró este jueves 19 de mayo, de Interés Cultural, Histórico y Social, el libro del Arquitecto Juan Carlos Gonzálvez, titulado “Salbador Juaquín Ezpeleta”; en el cual el autor plasma allí, toda una investigación que pertinentemente realizara, sobre la vida de nuestro fundador; derivando de ella, una calificada y detallada reconstrucción histórica de su «transitar», desde suelo vasco, hasta arribar primero a Buenos Aires y luego a Entre Ríos.

En diálogo con ENTRERIOSNOTICIAS.AR, hizo hincapié en el objetivo que lo movilizó, a realizar esta árdua investigación, «quería demistificar tópicos», explicando luego, que su objetivo era llegar a visibilizar «al hombre Ezpeleta».

«Con sus dificultades y carencias, trató de mejorar la vida de sus descendientes, pero no sólo a nivel económico, sino cultural», enfatizó, logrando con estas palabras, dar una idea acabada, de ese hombre, que bregó por el crecimiento de «La Matanza».

Párrafo aparte, dedicó a la advocación mariana, que nos define y atraviesa, como victorienses, Nuestra Señora de Aránzazu, de quien indicó, que según lo que leyó e indagó, pudo entender, que aquella, fue mas bien elegida por el entonces Virrey Santiago de Liniers, quien también gozaba de un gran ancestro vasco; lo cual subaryó, no hace mella en la religiosidad y espiritualidad de Ezpeleta, sino simplemente, era el paso necesario, para la construcción de la organización admnistrativa de entonces. (AUDIO ENTREVISTA)

Salvador Joaquín de Ezpeleta Guipúzcoa (23 enero 1776 / 12 de octubre 1846)

Según el portal Real Academia de la Historia; indica que, fueron sus padres Juan Bautista de Ezpeleta y María Antonia de Mendiburu. A finales del siglo xviii viajó hacia el Río de la Plata con su hermano José Ignacio y su amigo Pedro Otaño y se estableció en Montevideo.

Tras forjar un capital se estableció en Buenos Aires y desarrolló sus actividades entre Santa Fe y Entre Ríos, provincia donde se estableció definitivamente. Hacia 1801 ya tenía su casa principal de comercio en Paraná.

En 1803 fundó el oratorio a la Virgen de Aranzazú y el pueblo de La Matanza, hoy conocido como Victoria.

En ese paraje, tras delinear el espacio urbano, distribuyó lotes, lo que atrajo a la dispersa población de la zona.

Una vez que habían estallado las invasiones inglesas al Río de la Plata —1806 y 1807—, colaboró con Santiago de Liniers en el desembarco de las tropas, vituallas y pertrechos procedentes de Colonia. Apoyó la causa revolucionaria de 1810.

Sus actividades cubrieron un amplio espectro que abarcaba una empresa de tropas de carros, una flota de veleros de cabotaje, una fábrica de materiales de construcción, saladeros, una fábrica de chocolate, etc.

Asimismo tuvo estancias en Paraná, Montevideo, Victoria y en el Rincón, provincia de Santa Fe.

Una gran amistad lo ligaba con el padre Castañeda con quien habían compartido importantes emprendimientos educacionales. En 1823 el sacerdote había fundado en Rincón (Santa Fe) una escuela a la cual Ezpeleta sostenía económicamente y donde él mismo recibía lecciones.

Luego en 1827 fundaron juntos el primer colegio de niños con anexo de artes y oficios, colaborando Ezpeleta con el terreno y con un aula especial para gramática latina. Fue un hombre muy devoto como lo demuestra una importante donación que hizo de platería familiar al convento franciscano de Santa Fe para forjar candelabros para el altar de la Virgen. Fue su esposa Justa Rodríguez Saraví, y en segundas nupcias se casó con Manuela Acosta.

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