Interés General

«El DESMESURADO incremento del Impuesto Inmobiliario Urbano provincial…» Doctor Daniel Sobrero, ex legislador provincial

El ex senador provincial, referente del centenario partido, Doctor Daniel Sobrero, realizó un escrito, atravesado y definido, por una contundente crítica, al importe del impuesto Inmobiliario provincial, cuya consecuencia directa, decanta haciendo espejo en la "Tasa General". Texto.

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Escrito por el Doctor Daniel Sobrero (ex senador provincial mandato cumplido, ex representante legal municipio de Victoria, ex Director Diario Crisol)

El desmesurado y arbitrario incremento del Impuesto Inmobiliario Urbano Provincial ha generado esperable inquietud y malestar en la población. Seguramente los funcionarios argumentarán en su descargo que el tributo no ha sufrido alteraciones sino que únicamente han actualizado las valuaciones afectadas por la inflación que se ha enseñoreado con la economía argentina sin que nadie sea capaz “de ponerle el cascabel al gato”.

La disculpa no es válida y en el mejor de los casos, resulta neutra en tanto el contribuyente la sufre en mayor medida ya que tiene que afrontar el pago con sus cada vez más alicaídos bolsillos.

Y si lo afirmado hasta aquí es grave, la desazón para el contribuyente victoriense será mayor en tanto la gabela en cuestión, constituye la columna vertebral en la elaboración de su homónimo municipal. Es decir, si aumenta el impuesto provincial indefectiblemente se incrementa la mal llamada “Tasa General”.

Lamentablemente, ha corrido un largo plazo sin que el gobierno de la Comuna, ni el ejecutivo ni el legislativo, hayan demostrado interés en sancionar una nueva ordenanza que corrija los graves cuestionamientos del sistema vigente. La actual, además de inconstitucional, es sumamente injusta, poco transparente y opera cada año más en contra el vecino pagador.

Dicho lo anterior, que bueno hubiera sido que en lugar de las malas noticias que inauguraron el año, nuestras autoridades nacionales, provinciales y municipales, nos hubieran anunciado una importante reducción del gasto político que seguramente, hoy supera con creces los montos alcanzados desde el advenimiento de la democracia en 1983.

No mueve la aguja se nos dirá y tendrán razón, pero que gratificante y aleccionador hubiese sido en una Argentina escasa de buenos ejemplos.

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