Nuestra Señora de Aránzazu 2026

OCTAVO NOVENO DÍA DE NOVENA PATRONAL «vencer los prejuicios y a revisar el modo en que nos tratamos unos a otros en el día a día»

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Hilda Sosa WWW.ENTRERIOSNOTICIAS.AR

Un octavo día de novena, donde el Padre Daniel Alarcón en su homilía, hizo una invitación a no salir de la misma manera en que se llegó, dejando además un mensaje calado de esperanza, llamado a la unidad y un fuerte desafío comunitario: «Nadie puede salir de este lugar de la misma manera en que entró».

Alarcón comenzó recordando el sentido profundo de acudir a la casa de la Patrona y Fundadora de la ciudad. Lejos de ser un mero acto formal o sentimental, la peregrinación fue presentada como un encuentro capaz de transformar las realidades más complejas y cotidianas del trabajo, la familia y el corazón. «El amor de Cristo es capaz de transformar cualquier realidad. No podemos volver a nuestras rutinas con los mismos sentimientos si confiamos al Señor lo que llevamos dentro», expresó.

Caridad frente al juicio y la división

Uno de los momentos más reflexivos de la predicación estuvo centrado en el pasaje evangélico conocido como el discurso eclesiológico, referido a la convivencia dentro de la comunidad. En un tono directo y cercano, se advirtió sobre el peligro de herir al prójimo bajo la excusa de la verdad o la corrección:

  • Sin señalamientos: Se remarcó que nadie posee la autoridad superior para juzgar, exponer la vulnerabilidad o el pecado del hermano.
  • Corrección con caridad: La verdadera corrección fraterna debe hacerse con paciencia, humildad y amor, evitando imponer posturas o buscar una «comunidad perfecta» a costa del descarte.
  • Inclusión absoluta: La prioridad del mensaje evangélico es que nadie quede fuera del amor de Dios ni de la salvación.

Al contemplar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, se invitó a la comunidad a vencer los prejuicios y a revisar el modo en que nos tratamos unos a otros en el día a día.

Un templo testigo de la historia victoriense

La homilía también rindió un emotivo homenaje al arraigo histórico que la Virgen tiene en el pueblo de Victoria. Las paredes del santuario fueron descriptas como silenciosas guardianas de las historias, lágrimas, peticiones y agradecimientos de generaciones enteras que partieron siendo infantes y regresaron adultas, con hijos o nietos, a renovar su devoción.

«María, que no me canse…»

Hacia el final, de cara a la esperada procesión del 8 de septiembre, se propuso a los presentes una jaculatoria inspirada en la oración de un obispo español —canonizado junto al Cura Brochero— para sostener la perseverancia en los momentos difíciles.

La celebración concluyó dejando una plegaria abierta para que cada peregrino la complete desde su propia necesidad: «María, que no me canse…» —de esperar, de luchar o de creer—. Una frase suspendida en el aire que los fieles se llevaron en el corazón para renovar sus fuerzas antes del tradicional saludo: «¡Ave María Purísima!».

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