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«¿Qué nos pasó en el bicentenario, en 2010, que la principal obra conmemorativa fue hecha con materiales de utilería?» Coordinador Museo de la Ciudad sobre el monumento del bicentenario

El Coordinador del Museo de la Ciudad, Claudio González, hizo un escrito sobre el retiro de la Obra del Bicentenario, emplazada en el Quinto Cuartel, realizada oportunamente hace más de una década. Un relato donde deja al descubierto cimientos que van más allá de la tecnicidad que sostenía esta obra, que intentó ser ícono y emblema. Texto.

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Corría el año 2009 y Victoria se preparaba desde distintos estamentos a festejar sus primeros doscientos años de vida, por lo que entre tantas otras actividades, desde el ejecutivo de entonces, a cargo de César Garcilazo en connivencia con el Concejo Deliberante, se denominó Plaza del Bicentenario a la ubicada en el barrio Quinto Cuartel.

En contubernio con el mencionado marco, se proyectó y realizó una escultura de 8 metros de altura, en clara iconicidad a la emblemática fecha, representada por una antorcha sostenida por tres manos, las que según el pertinente relato explicativo-histórico, representan las manos de aborígenes, inmigrantes y contemporáneos victorienses, sosteniendo una llama que simbolizaba el progreso y el futuro.

¿Haciendo espejo en la italiana Torre de Pisa?

Como emulando a la famosa Torre de Pisa, ubicada en la región de la Toscana italiana, la cual comenzó a inclinarse desde los albores mismos de su construcción; desde Victoria transcurrido el tiempo, por estos días, más exactamente el día viernes 17 de febrero, el municipio daba cuenta que personal de Defensa Civil procedió al retiro de la parte superior del monumento del Bicentenario en la plaza XX de Septiembre, del Quinto Cuartel, ya que, tras las últimas tormentas, su inclinación y movimiento constituía un riesgo.

Enfatizaron además que antes de decidir el retiro de la obra, se constataron graves daños estructurales, rajaduras y partiduras, principalmente en la parte superior, y una inclinación de aproximadamente 45 grados, lo que la ponía en inminente riesgo de caída a “la antorcha”, ya que se encontraba quebrado a mitad de su altura.

Incluso, con la asistencia del hidroelevador de Alumbrado Público los trabajadores municipales observaron de primera mano que el viento que se registraba en la mañana de ayer hacía que el extremo superior del monumento oscilara, lo que incrementaba el peligro.

De la misma manera, indicaron que a través de las grietas que presentaba la obra, se pudo observar que la estructura metálica interior, de caños, estaba fuertemente deteriorada a causa del movimiento y la corrosión, todo lo cual fundamentó la decisión. Además, y para resguardarlas de posibles daños durante los trabajos, se retiraron las 13 placas de mármol de la base, las que quedaron en el galpón de Defensa Civil.

Sobre el orígen de la obra

Según publicación del municipio, antes del bicentenario de nuestra ciudad, en 2010, la municipalidad, a través de la comisión que se había formado para las celebraciones, llamó a concurso para la construcción de un monumento conmemorativo de los 200 años de Victoria.

A ese concurso se presentaron diferentes proyectos, ninguno de los cuales se concretó por diferentes razones. Finalmente, el Ejecutivo de entonces decidió la instalación de un monumento en la plaza XX de Septiembre del Quinto Cuartel, una antorcha de resina y fibras sostenida por tres manos enlazadas del mismo material, que fue inaugurado durante las celebraciones por el bicentenario.

Como dato de color, durante los trabajos de instalación se encontró una cápsula de tiempo del siglo XIX que actualmente se encuentra en el museo Anadón. Lamentablemente, el contenido de la cápsula estaba demasiado deteriorado y fue irrecuperable.

Con el correr del tiempo, el monumento fue mostrando señales de deterioro que en los últimos tiempos se hicieron más evidentes, con una inclinación cada vez más pronunciada de “la antorcha”, que el viento fue acrecentando.

Un testigo y observador fiel

A propósito de lo expuesto con antelación, el coordinador del Museo Carlos Anadón, Claudio González, realizó un interesante escrito, donde expone lo que serían las causales del «desmoronamiento» de dicha obra, pero no sostenido en su relato desde un lugar técnico, sino exponiendo el trasfondo de decisiones que dejan al descubierto cierta falta de respeto a nosotros mismos, al momento de «elegir las fortalezas» con las que sostenemos «nuestras iconicidades». Texto:

Acerca del Monumento del Bicentenario (escrito realizado por Claudio González, coordinador Museo Carlos Anadón en sus redes sociales)

«Mucho se ha comentado sobre la rotura y desmantelamiento del “monumento del Bicentenario” en la plaza XX de Septiembre del Quinto Cuartel.

La verdad es que esa instalación ya venía dando muestras de deterioro en 2012, un deterioro que si bien es atribuible a la naturaleza, la verdad es que tiene su explicación en su origen.

Personalmente en 2005 interesé a las autoridades municipales de entonces en la proximidad de las celebraciones de los 200 años de la ciudad, incluso a través de los medios, a pesar de que algún amigo de los medios me decía que faltaba aún mucho tiempo.

Dos años después, en 2007, se constituyó una comisión en una asamblea en el recinto del Concejo Deliberante. No participé de esa comisión porque apenas se propuso mi nombre fui desautorizado por el intendente que afirmó que más allá de lo que yo hubiera dicho dos años atrás, el tema del Bicentenario era parte de su “política de Estado”.

Me quedó en claro que no había interés en mi participación y personalmente tampoco me quitaba el sueño alguna exposición de esa naturaleza, así que no intervine para que hicieran lo que consideraban que debían hacer, y me limité a difundir formalmente desde los medios en los que participaba las acciones que se iban realizando. En definitiva, la idea era que pudiéramos aprovechar el evento en beneficio de la ciudad y aportar en ese sentido.

Desde esa comisión, y especialmente desde la Municipalidad (incluyendo el Concejo) se planificaron algunas acciones de cara a las celebraciones, que desde mi punto de vista pueden resumirse en los siguientes puntos:

  • Los festejos con la presencia de la entonces Presidente, Cristina Fernández.
  • Rebautizar la salita del Quinto Cuartel como “Bicentenario” tras realizar mejoras.
  • Un monumento a Ezpeleta, que aún está en la plaza San Martín (un templete con un cofre que contiene tierra de Oyarzún, el paraje natal de quien es considerado el “fundador” de la ciudad)
  • Un concurso para la realización de un monumento del Bicentenario.
    El concurso contó con la participación de varios artistas plásticos y arquitectos de Victoria y otras ciudades pero ninguna de las propuestas pareció “cumplir las expectativas”.

Finalmente el entonces intendente César Garcilazo decidió aceptar la propuesta de un artista plástico para la compra de la antorcha sostenida por tres manos, a la que se le otorgó una interpretación histórica (las manos de aborígenes, inmigrantes y los actuales victorienses sosteniendo una llama que simbolizaba el progreso y el futuro).

A diferencia del resto los monumentos, este no fue realizado en materiales nobles como algún metal que pueda resistir la intemperie o una piedra dura como mármol o granito. Ni siquiera cemento. Fue realizado en resina poliéster y fibra de vidrio, materiales que son más característicos de la utilería que de un monumento, con un alma de tubos de hierro de una pulgada (más o menos por lo que podemos ver ahora, que ni siguiera tuvieron una pintura de calidad que los protegiera del óxido), con una pátina exterior que simulaba algún tipo de piedra.

En esto radica su condena. Es una obra pensada para que dure apenas unos meses.

A diferencia de otros elementos realizados en estos materiales, como los kayaks, por ejemplo, que requieren un permanente cuidado, la pátina impide cualquier tipo de protección desde el exterior.

La liviandad del monumento, sumado al hecho de que es más ancho en la parte superior que en la base, lo convierte en una vela para cualquier viento, lo que rápidamente fue haciendo que presentara rajaduras en la parte inferior, separándolo paulatinamente de la base de cemento recubierta con placas de mármol negro, lo que permitió el ingreso de abejas, algo que, como ya dije, se observaba desde 2012.

La debilidad del alma de hierros hizo que el tiempo y el viento fueran debilitando su estabilidad cada vez más, hasta llegar a su inevitable final, o la actual situación si se decide reconstruirlo en función del original.

Nada se podía hacer para evitar esta rotura, si no fuera desmantelarlo y reconstruirlo.
Pero más allá de esto, creo que corresponde preguntarnos… ¿qué nos pasó en el bicentenario, en 2010, que la principal obra conmemorativa fue hecha con materiales de utilería?

(Con información de Portal Municipalidad de Victoria)

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