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«Trascender es seguir viviendo…y vaya si lo lograste viejo»

Una carta que refleja la intransmisibilidad del sentimiento padre e hijo. El legado dejado por el profesor Coqui Lami a su hijo Oscar.

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Hilda Sosa WWW.ENTRERIOSNOTICIAS.AR

Reconocer y vivenciar la figura paterna como el alcázar y fortaleza de nuestras vidas es hacer espejo en un camino que más allá de sus mesetas, nos habla de la incondicionalidad de un amor férreo, ordenado e implacable…así lo hizo saber Oscar Lami hijo, carta mediante, al referirse a su padre, el siempre bien recordado profesor y referente de las artes, cultura local y provincial, Oscar Coqui Lami.

Aquella acción envuelta en significativas palabras, que bien vale traer al presente, acaeció oportunamente en el marco de los festejos por las cuatro décadas del Museo Carlos Anadón, recordando aquel 8 de septiembre de 1982, cuando nacía oficialmente el mencionado y prestigioso espacio cultural de la mano del “maestro Coqui”, quien fuera su Director hasta el año 2013.

Allí, su hijo Oscar leyó de su autoría una semblanza donde quedó expuesto no sólo el nombre y figura de su padre, sino el intransferible vínculo que les definía, clara siembra y cosecha de un padre que en vida le guió, llenó sus espacios de cariño y le dejó un legado que él supo reflejar a través de esas líneas, inmersas en un mar de sentimiento.

Mi padre el creador y director del museo
Un sentido relato donde Oscar hijo no sólo visibiliza esa conexión filial invulnerable que juntos y a la par supieron tallar, sino que también da a conocer pormenores de una parte de la historia victoriense.
“Durante tantos años y aún hoy, es difícil hablar del Museo sin hablar de Oscar, mi padre, eran una referencia obligada, un sinónimo del otro” expresó con firmeza, trayendo luego al presente aquella etapa de su vida, donde acompañaba en todo momento y lugar a su padre, dejando expuesto así su conocimiento de una institución cara a la idiosincrasia local.

“Pensar el Museo, es recordar mi niñez y ese comienzo en el edificio de calle Italia con esas escaleras que parecían interminables. Como siempre sucedió, el armado de la primera muestra fue a pulmón, con donaciones y préstamos de vecinos, pero sobre todo, con ayuda familiar y de amigos, característica que se mantendría a lo largo de los años. Todos pusimos nuestro granito de arena para ayudar en lo que se necesitara a la hora de armar una muestra, incluso hasta hace poco años, se conservaba en una vitrina una esquela que rezaba “MEDALLAS CONMEMORATIVAS”, la cual hice por pedido de mi padre, allá por 1982”.

Mi padre, mi compañero
La suma de voluntades con el mismo objetivo, mirada y sentir, tuvo su primer fruto, “así, año tras año, exposición tras exposición, se fue dando la ayuda, la opinión de determinada gente, que luego dio lugar a la Asociación de Amigos del Museo, tan importante y necesaria para ayudar al quehacer”.
“Pasaron incontables muestras, peinetones, sombreros, artículos de la casa, instrumentos, y pensaron más en grande… y así pasaron trajes de novia, recorrido de autos antiguos y siguieron pensando y se dieron colaboraciones con museos de la región, incluso con la vecina ciudad de Rosario y vinieron capacitaciones, congresos y siguieron soñando” enfatizó Oscar, quien a pesar de su entonces corta edad, fue testigo fiel de la construcción urbana y social del museo gracias a que su padre lo llevaba con él.

Mi padre el actor
Sin hacer mella a la intensidad del recuerdo, Oscar recordó cuando recuperaron el auto del Dr. Pedro Radío, concretándose a la vez, la posibilidad de una nueva locación para la Institución.
“Se realizaron recorridos por el Quinto Cuartel y sus caleras y hubo entrevistas, cientos de ellas, a medios locales, provinciales y nacionales y muchas veces los encuentros se originaban o terminaban en mi casa con diversas personas, de todos los ámbitos, incluso el director de la película “El dedo en la llaga”, una de las tantas filmadas aquí, estuvo charlando sobre el proyecto, y tiempo después mi padre tendría su debut en la pantalla grande, como el encargado del teatro y su memorable frase “YO LE HABÍA DICHO, PROFESOR”… “.

“Cómo explicarles la incontable cantidad de veces que papá pronunció esas cinco palabras, se paraba frente a un espejo y las pronunciaba de distintas maneras, ¿porqué comento ésto?, porque lo pinta tal cual era, un obsesivo, un buscador de la perfección, o de lo más cercano a esa perfección”.

Mi padre el docente
“Podría hablar mucho más, recordar cientos de anécdotas, ya que tuve la suerte de estar y acompañarlo en todo su recorrido como director del Museo, así como también lo fue mi madre, aquí presente, y quien fue su segundo en el Museo, parte fundamental, el señor Hugo Ríos, pero inevitablemente prefiero recordarlo a él. Fue un ávido curioso, siempre en la constante búsqueda del conocimiento, de seguir aprendiendo para poder poner en práctica algunas cosas en el museo, seguir perfeccionándose y transmitirlo”.

Un párrafo aparte dedica en su escrito a la vocación docente que atravesó a Coqui, rescatando una frase que le acompañaba y definía, “en una carpeta tenía una frase que decía -Enseñar es el arte de ayudar al prójimo a ser mejor-, un arte que tiene estrategias, a veces sutiles pero siempre llenas de ingenio, de compasión, de misericordia y de amor. Enseñar era para mi padre el arte de convertirse en un ejemplo no tanto por lo que se dice, sino por lo que se siente, se hace y se es”, sentenció.

“En su faceta de docente, abrazó la profesión con pasión; aún hay alumnos que recuerdan su pedido de “mirar para arriba”, porque siempre hay algo más para mirar, para disfrutar, para encontrar o de su insistente mirada a la perspectiva”; indicó, para rememorar luego otra frase que era bandera de su padre, “la tarea del investigador nunca termina”.

Mi padre, mi legado
“Su lucidéz mental, sapiencia y claridad de pensamiento fascinaron a sus amigos, como así también a todo el que tuviera la oportunidad de compartir una charla, se extraña su mirada objetiva y su paciencia para explicar”.

¿Cómo me gustaría que lo recuerden? …no lo sé a ciencia cierta, creo que quien lo conoció, trató o fue alumno o aprendiz, seguramente tendrá una idea distinta; en lo personal, lo siento como un apasionado de las artes, de la historia, de la cultura, como un profesor, como un hombre que quiso e hizo lo mejor por y para la ciudad. Dejó un legado enorme, enseñanzas, se preocupó por lograr que cada persona que estuvo con él haya sido un poquito mejor… Porque como dijo Juan Alberto Badía, “trascender es seguir viviendo”, y vaya que lo logró… al profesor, al director del Museo, al historiador, al periodista, al escritor, a Coqui… a vos, mi viejo querido y amado, dejaste en todos y en cada uno, recuerdos… y en el Museo vida, corazón, cuerpo y alma”.

Oscar Coqui Lami, su hijo Oscar Lami y la nieta de Coqui, Lizaa Lami

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