43 años atrás volvía la democracia a Victoria de la mano de Luis Ángel Brassesco (Bicho)
El 30 de octubre de 1983 marcó el fin de la dictadura militar y el inicio de una nueva era institucional para el país. La Unión Cívica Radical, con Brassesco a la cabeza, se impuso en las urnas en una histórica jornada de votación masiva.

Hilda Sosa WWW.ENTRERIOSNOTICIAS.AR
El domingo 30 de octubre de 1983 no fue un día cualquiera en las calles de Victoria. Tras siete años de dictadura militar, la ciudadanía volvió a volcarse a las urnas en una jornada democrática sin precedentes que movilizó a jóvenes, adultos y adultos mayores en un ambiente de fiesta y esperanza.
En el plano local, el gran protagonista de la jornada fue el Señor Don Luis Ángel Brassesco, quien resultara electo como Presidente Municipal de Victoria por la Unión Cívica Radical (UCR), en una contienda que coincidió con la histórica victoria nacional de Raúl Alfonsín.
Un compromiso con las instituciones y la comunidad
La elección de Brassesco no solo representó el triunfo de una fuerza política, sino también el inicio del proceso de reconstrucción de las instituciones locales. Al asumir formalmente en diciembre de ese mismo año, el flamante Presidente Municipal enfrentó el desafío de reorganizar la administración pública local, garantizar los servicios básicos y promover la participación vecinal en tiempos de profundas dificultades económicas y sociales a nivel nacional.
Durante su gestión, Brassesco se caracterizó por su estilo de liderazgo dialoguista y su cercanía con las distintas instituciones intermedias de la ciudad, sentando las bases de la convivencia democrática en el ámbito municipal.
Un legado que perdura en la memoria colectiva
A más de cuatro décadas de aquella gesta electoral, la figura de Don Luis Ángel Brassesco es recordada con respeto en la comunidad local como uno de los símbolos de la transición democrática victoriense.
El 30 de octubre de 1983 permanece en el calendario histórico de Victoria no solo por los nombres propios que surgieron de las urnas, sino por haber sido el día en que la ciudad, junto al país entero, pronunció un rotundo «Nunca más» para dar la bienvenida definitiva a la democracia.



