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RECLAMO de una descendiente del fundador de Victoria «no nos tienen en cuenta»

María Elena Ezpeleta, descendiente de Don Salvador Joaquín de Ezpeleta. ¿Porqué fueron invitados sólo dos veces?.

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Hilda Sosa WWW.ENTRERIOSNOTICIAS.AR

El pasado martes 13 de mayo, bajo el lema “Victoria 215 años de fe, esfuerzo y compromiso colectivo” declarado y reconocido por el Decreto Nro. 284, Victoria celebró un aniversario más de su fundación,

Al momento de la colocación de ofrendas florales en el monolito donde se encuentra la imagen de Don Salvador Joaquín de Ezpeleta, estuvieron presentes familiares del fundador de las Siete Colinas, más exactamente tres descendientes, María Elena y Graciela Ezpeleta y Carlos Trucco Ezpeleta, quienes son choznos de Don Salvador Joaquín de Ezpeleta.

Choznos, palabra que según la Real Academia Española chozno significa «ascendiente en línea directa en quinto grado», es decir, el abuelo de tu tatarabuelo o tatarabuela.

En la oportunidad, Carlos Trucco, profesional de nuestra ciudad al recordar al fundador de Victoria, subrayó los logros de aquel a lo largo de su vida, pero sobre todo ese espíritu creador que le definió y selló en vida.

Comentó que a lo largo de su vida, intrafamiliarmente, siempre han rescatado el ejemplo del compromiso de Ezpeleta, “el compromiso que él tenía con la sociedad, se comprometió a la defensa de Buenos Aires en su momento por las invasiones inglesas, después participó activamente en la Revolución de Mayo, Logró que Paraná, donde él estaba, se adhiriera a la Revolución, participó y acompañó al ejército de Belgrano en la extradición al Paraguay” relató, agregando que esas historia que ellos escucharon de niños, pertenecer a la ciudad.

Hicieron hincapié luego los descendientes, en la amistad que otrora juntos solidificaron Ezpeleta y Santiago de Liniers; como asi también la participación de nuestro fundador en la consagración a la Virgen Nuestra Señora de Aránzazu.

Un agradecimiento teñido de reclamo

En diálogo con ENTRERIOSNOTICIAS.AR, María Elena, quien porta el orgulloso título de chozna del fundador de Victoria, comentó que su abuelo Amaro Timoteo Ezpeleta, quien fuera uno de los primeros taxistas de Victoria vivenció la figura de Don Salvador desde otro lugar, ya que era bisnieto de él.

“´Si bien no recuerdo exactamente la edad en que mi cuenta de que era descendiente del fundador de Victoria, si tengo un vago recuerdo de haberme enterado por mi familia de ello” indicó.

Para luego sellar su comentario con un reclamo, pero sin dejar de omitir el agradecimiento por haber sido llamados en esta oportunidad, “somos ciudadanos comunes, nadie nos tiene en cuenta, porque de todos los actos que ha habido al respecto, de los que tengo uso de razón, la única vez que nos citaron fue para el festejo de los 200 años, pero lo hicieron porque yo patalée y para este último”.

Recalcó luego en su relato, en las dos oportunidades que fueron convocados, fue porque hubo cierta queja de parte de ella; en primera instancia siendo escuchada por el ex concejal Rubén Manasaldi, quien les convocó para presenciar los actos del bicentenario y ahora por Alejandro Quintana, miembro del staff de la Dirección de Cultura municipal y ex alumno de la Escuela Técnica N° 1 Dr. Pedro Radío (Agrotécnica), lugar donde ella trabajó durante dos décadas.

“Yo siempre digo que en ese sillón tengo un pedacito, porque ese es el sillón de Ezpeleta, me siento como defraudada” enfatizó, exponiendo asi su deseo de reconocimiento del lugar que les cabe como familia en la idiosincrasia de la comunidad victoriense.

“Cuando nos llamaron para los doscientos años sentí un orgullo bárbaro” sentenció, pero volvió en su relato sobre la desazón de no haber sido llamados años anteriores, incluso cuando en vida las generaciones anteriores, hubiesen podido haber dado sus testimonios.

Luego comentó que entre los ahora descendientes de ellos si hay quienes buscan interiorizarse más sobre quien engalana el apellido que detentan.

Al finalizar, María Elena dijo que se contentaría con que de aquí en más les reconozcan, ya que son descendientes directos de quien forjó aquella “Matanza” que nos definió.

Salvador Joaquín de Ezpeleta Guipúzcoa (23 enero 1776 / 12 de octubre 1846)

Según el portal Real Academia de la Historia; indica que fueron sus padres Juan Bautista de Ezpeleta y María Antonia de Mendiburu. A finales del siglo xviii viajó hacia el Río de la Plata con su hermano José Ignacio y su amigo Pedro Otaño y se estableció en Montevideo.

Tras forjar un capital se estableció en Buenos Aires y desarrolló sus actividades entre Santa Fe y Entre Ríos, provincia donde se estableció definitivamente. Hacia 1801 ya tenía su casa principal de comercio en Paraná.

En 1803 fundó el oratorio a la Virgen de Aranzazú y el pueblo de La Matanza, hoy conocido como Victoria.

En ese paraje, tras delinear el espacio urbano, distribuyó lotes, lo que atrajo a la dispersa población de la zona.

Una vez que habían estallado las invasiones inglesas al Río de la Plata —1806 y 1807—, colaboró con Santiago de Liniers en el desembarco de las tropas, vituallas y pertrechos procedentes de Colonia. Apoyó la causa revolucionaria de 1810.

Sus actividades cubrieron un amplio espectro que abarcaba una empresa de tropas de carros, una flota de veleros de cabotaje, una fábrica de materiales de construcción, saladeros, una fábrica de chocolate, etc.

Asimismo tuvo estancias en Paraná, Montevideo, Victoria y en el Rincón, provincia de Santa Fe.

Una gran amistad lo ligaba con el padre Castañeda con quien habían compartido importantes emprendimientos educacionales. En 1823 el sacerdote había fundado en Rincón (Santa Fe) una escuela a la cual Ezpeleta sostenía económicamente y donde él mismo recibía lecciones.

Luego en 1827 fundaron juntos el primer colegio de niños con anexo de artes y oficios, colaborando Ezpeleta con el terreno y con un aula especial para gramática latina. Fue un hombre muy devoto como lo demuestra una importante donación que hizo de platería familiar al convento franciscano de Santa Fe para forjar candelabros para el altar de la Virgen. Fue su esposa Justa Rodríguez Saraví, y en segundas nupcias se casó con Manuela Acosta.

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