Día de los SANTOS y FIELES DIFUNTOS valiosa instancia de sanación, reconciliación y esperanza
En el marco de las festividades del 1 y 2 de noviembre, dialogamos oportunamente con el padre Marcelo Carraza, quien hizo una invitación a resignificar el recuerdo de los seres queridos que ya no están en este plano.

Hilda Sosa WWW.ENTRERIOSNOTICIAS.AR
Cada mes de noviembre, la tradición cristiana abre un espacio de profunda reflexión con la celebración del Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos.
En diálogo con nuestro medio, el padre Marcelo Carraza destacó que ambas festividades constituyen una valiosa oportunidad de liberación espiritual y reconciliación interior.
Dos celebraciones unidas por la misericordia
Ambas fechas se encuentran íntimamente entrelazadas bajo la premisa de la fe y la confianza en la misericordia divina. Mientras que el 1 de noviembre se celebra a Todos los Santos —aquellos hermanos que, conocidos o anónimos, ya gozan de la presencia plena del Señor—, el 2 de noviembre se dedica a rezar por todos los fieles difuntos.
«Rezamos por todos aquellos que ya están con el Señor y también por quienes aún transitan un proceso de purificación, porque el Cielo es amor y comunión», explicó. (audio)
El perdón: puente entre dos planos
Uno de los aspectos más significativos de estas jornadas es el valor del perdón, el cual trasciende la dimensión terrenal. La oración por los fallecidos no es solo un acto formal o ritual, sino una manifestación concreta de afecto y sanación personal.
La fe cristiana sostiene que la comunión de los santos une a los bautizados más allá de la muerte física. Por ello, la oración permite:
- Pedir perdón por faltas o palabras no dichas a quienes ya han partido.
- Otorgar el perdón a aquellos seres queridos que dejaron heridas en vida.
- Liberar cargas emocionales, permitiendo que las relaciones se sanen en el plano espiritual.
Construir el Cielo en el presente
El sacerdote enfatizó que la vida humana está diseñada para ser experimentada en fraternidad, empatía y unidad. Aunque el egoísmo o las heridas cotidianas a menudo dificultan la convivencia, el horizonte cristiano invita a comenzar a vivir los valores del Cielo desde el presente.
Ejes fundamentales de esta fecha:
- Amor y Comunión: Reconocer al otro y salir del propio egocentrismo.
- Alegría y Esperanza: Recordar que, aunque la pérdida terrenal genera dolor, la promesa divina es de una alegría plena e indestructible.
- Liberación: Sanar las heridas del pasado a través del perdón mutuo.
Un mensaje de esperanza
En síntesis, las festividades de Todos los Santos y los Fieles Difuntos invitan a transformar el dolor del duelo en un acto de fe reflexivo. Son días para recordar a los ausentes con gratitud, renovar los vínculos con los vivos y recordar que el destino final al que estamos llamados es la paz y la vida en comunión.



